en acción

Arma y desarma

junio 4, 2015

En el trabajo constante del emprender toca re-comenzar habitualmente. Muchos días pasan a ser el día número uno otra vez. A veces confundimos (confundo) estos nuevos comienzos con retrocesos. Si bien hay veces que hay que re-calcular y hacer un poco de marcha atrás para encaminarse por otra ruta, generalmente estos re-planteos son avances ya que ya conocemos el camino que no debemos volver a tomar. Y sí, a veces, lamentablemente, volvemos a cruzarnos por esa ruta abandonada, la vemos como un atajo, la agarramos y nos vemos envueltos otra vez en ese lugar del que ya tuvimos que salir, porque en definitiva somos humanos, nos volvemos a confundir y es válido mientras eventualmente lo cambiemos.

Volviendo al re-comienzo de las cosas, a veces es un gran entusiasmo, un nuevo proyecto, una nueva casa, un nuevo trabajo, un nuevo hobbie pero otras es simplemente un cambio de rumbo y no necesariamente voluntario. Es común hablar de pivotear, de salir de la zona de confort y hay millones de artículos que hablan sobre como debemos tirar para adelante y cambiar cuando vemos que algo no funciona.  Hace 6 años que tengo mi propio proyecto y he dado vueltas y aprendido mucho pero mis cambios han sido por replanteos de estrategias que fui probando. Creo que hasta el momento no he hecho un cambio sustancial, fue como todo un crecimiento, un avance tras otro.

Este último tiempo pienso seguido en qué cambio disruptivo podría mejorar aspectos de mi proyecto. En un momento como el que vivo ahora, en mi país y dado el contexto socio económico el consejo de muchos para el año es “flotar” “pasarlo” “salir hecho”.  Pfffffff.  Este consejo desanima a cualquiera, no es fácil escucharlo ni seguir adelante con esa idea. A mi no me es fácil quedarme quieta. Siempre tengo la idea de que hay algo más por hacer. Cuando me hablan de zona de confort, pienso que me encantaría llegar a una. Ja !  Hablando seriamente, encarar un proyecto productivo en este contexto está muy lejos del confort que uno se imaginaría, tiene sus grandes satisfacciones pero hay un millón y medio de cuestiones a sortear. Las imagino como ovejitas saltando la reja y estoy segura de que si las numero puedo poner a dormir un batallón de niños recién nacidos.

Por eso estoy acostumbrada a re-comenzar / plantear / plantar / soñar.

Mis herramientas en el momento de plantear el nuevo día son:

  1. mis notas: llevo cuadernos de todo tipo pero tengo uno donde escribo entre viajes, de colectivo, de tren, de avión, en momentos interinos, cafés, tiempos de espera y allí voy siempre viendo qué escribí la vez anterior y qué estoy escribiendo ahora. Ese contraste me ayuda a pensar que me estoy re-planteando. Sin contar la cantidad de veces que encuentro repetidas las mismas frases y son un claro llamador de que les preste atención.
  2. un calendario: siempre me resulta más fácil pensar con un calendario cerca para poder pensar tiempos para lo que me estoy proponiendo
  3. marcadores de colores: por más que el plan termine escrito en un documento dentro de mi computadora, no puedo pensar mucho sin escribir en papel. Creo que es una feliz deformación profesional.

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Y de ahí a una hoja nueva y a pensar nuevas ideas. Tirarlas todas sobre el papel. Para arrancar a escribir lo primero que hago es visualizar como quisiera estar en el futuro y de ahí voy sacando ideas. Esas ideas que escribo voy desarmándolas en partes, programas de como iría encarándolas. Esto es algo que no va solo por el lado profesional o de un proyecto, en mi re-planteo siempre entra todo lo que hago y no solo lo laboral.

El resultado de estas ideas escritas y de ese análisis no siempre es el que esperamos. Eso es lo interesante. A veces entendemos que tal vez convenga seguir alguno de los caminos que tomamos y solo cambiar algunos, otras hay que re-pensar todo. Lo interesante es que de esos desarmes que vamos haciendo de cada aspecto que quisiéramos cambiar, van surgiendo ideas. Sugiero también compartirlo, todo el proceso. Hacerlo y compartirlo con alguien de confianza, para que entienda lo que pensamos, pero también para que pueda dar otra visión.

Sea cual sea el resultado de este desarme y re-arme, vamos a quedarnos con una nueva hoja de ruta, o con un par de conceptos más claros.

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