en acción

Mentoreo

junio 11, 2015

Darse la cabeza contra la pared. Volver a empezar. Escuchar el consejo de alguien.

A mi siempre me sirvió escuchar a otros.  Será que soy de conciliar. Me interesa que al acuerdo se llegue desde todas partes y cuando las cosas no me salen, siempre me apoyé en las experiencias de otros. Sobre todo cuando tengo el lujo de escuchar alguien que me las pueda contar porque ya las ha pasado.

Me veo ya como una recolección de experiencias con estos 6 años de “carrera” en mi propia empresa. Sacar un proyecto adelante es un aprendizaje constante, más cuando no se tiene experiencia alguna. Por eso tal vez, escuchar de a ratitos los caminos y también tropiezos de otros es tan útil. Son como millas que uno suma sin haberlas volado. Y el tiempo pasa rápidamente cuando uno se encamina, por lo cual las millas son más que bienvenidas.

Tuve muchas personas con las que me crucé en estos años y me fueron dejando sus consejos, pero hace casi un año que estoy reuniéndome con quien sería mi mentora. Es raro tener esa referencia, pero es real. Me parece raro porque leí mucho sobre el tema pero no me imaginé que llegaría a esa instancia. Creo en que las cosas se dan cuando uno está preparado para recibirlas. Uno tiene que generar el espacio para que sucedan. Y fue algo así.

Por varias fuentes y empujes llegué al programa de mentoreo de Voces Vitales. Me inscribí sin saber mucho de qué se trataba. Había hecho otros programas antes, más cortos, menos enfocados, donde había tenido otros tipos de apoyos. Con Greca estuve en Incuba CMD en el 2012 acompañada por el IAE. Allí tuve tutores que me acompañaron y escucharon en lo que era el arranque de nuestro proyecto. Después tuve tutores en cada uno de los programas de préstamos y aportes no reembolsables a los que apliqué. Compartí mis novedades y avances seguidos, podría decir que tengo un buen trainning y sé como contar lo que voy construyendo en la empresa gracias a todas estas instancias por las que tuve que pasar en cada uno de estos programas en los que me anoté para crecer.

El mentoreo fue otra cosa.

Primero lo primero, Voces Vitales es una organización fundada en Estados Unidos por Hillary Clinton con la misión de empoderar mujeres y convertirlas en líderes. Cambiar el mundo empedrando a la mujer. Hace años que es una institución en crecimiento y con mucho empuje en Argentina.  Yo no la conocía tanto. Había participado de eventos anteriormente, estuve por ejemplo en la caminata de mentoreo en 2013 pero me pasó medio por el costado. Tuve la suerte de que me convocaran personalmente a anotarme en el programa de mentoreo de 2014. Me insistieron que me anotara y ahí fui.

Quedé seleccionada y pensé que el programa estaría lleno de mujeres como yo, acostumbrada a moverme siempre en ambientes de emprendedores, imaginaba a cada una con su propio proyecto. Bueno, no exactamente. La mayoría de las chicas que conocí trabajaban en empresas. Siendo el mundo corporativo algo totalmente ajeno, me sentí bicho raro desde el principio.  Pasaron los días del programa, fui conociendo a mi mentora del programa, una gran mujer, que lamentablemente tuvo una semana super complicada en ese momento así que tal vez por eso no nos acercamos tanto.  Me acerqué mucho a las otras mentees (las otras participantes) y conocí que si bien trabajaban en empresas y organizaciones, cada una tenía su propio proyecto, personal, de carrera, por más que fuera dentro de una empresa. Y desde ese lugar todas se proponían no pasar desapercibidas.

Ese lugar de exposición, de crecimiento, de acercamiento y búsqueda de poder no es siempre el que tomamos las mujeres y ver a casi 30 personas más haciendo ese recorrido me resultó por demás inspirador.

A diferencia de la mayoría mi propio programa de mentoreo arrancó al terminar el de Voces Vitales. En el día del cierre, me quedé charlando con una de las mentoras. Una mujer clara, sin vueltas que en 3 preguntas me sacó el status de la empresa. Yo respondí el bombardeo de preguntas sin dudar y eso le dio a entender que sabía de lo que estaba hablando. Mas tarde L me diría que eso fue lo que le interesó de mi, que sabía perfectamente todos los datos y que no es tan común (aprendí la lección: lo que no controlas no lo gestionás ;)

Y así como si nada, L me dijo que le hubiera gustado ayudarme. No lo dudé, le pedí la tarjeta y cuando se la pedí me dijo que si la quería ver tenía que preparar algunas cosas: homework.

A las dos semanas fui con todo el material que me había pedido a su oficina. Balances, cash flow, potencial de producción, costos, estado de mi proyecto todo. L no tardó más de 10 minutos en darse cuenta que más allá de las cuestiones de crecimiento había un tema societario a resolver antes de avanzar con cualquier plan de crecimiento. Sin conocerme, dio justo en el dardo. Y así fue que empezamos a trabajar juntas.

Hace ya un año que tengo esta gran mentora. El mentoreo no es solamente escuchar los problemas o cuestionamientos de la empresa sino también poder acompañar el momento de la persona que tenemos en frente. Es entender ese momento de esa persona. Por eso muchas veces, los mentores aparecen porque se ven identificados con la persona que están mentoreando. Este fue el caso de L, que somos mujer construyó sola su gran empresa y ve algo parecido en mi.

Valen los consejos pero sobretodo vale mucho entender que una persona que ya transitó todo ese camino ve en una esa chispa que cree que la va a hacer valer en un final. Ese voto de confianza hace que el mentoreo resulte un empujón grandísimo, no solamente desde lo práctico, dando soluciones a lo cotidiano desde un lugar de sabiduría, sino de validación desde ese mismo lugar.

Actualmente encuentro oportunidades de hacer yo de mentora. Siempre fui de ayudar a los que me rodean que tal vez necesitan algo de ayuda en un aspecto particular, pero hoy tengo algunas personas que acuden a mi de la misma manera que yo acudí a L, prom. camino recorrido y por esos valiosísimos atajos que puedo contar.

Hay muchas formas de acercarse a un mentor.  Un mentor puede ser un familiar cercano o lejano, creo que es mejor que sea lejano, para entenderlo como eso. Puede ser un contacto lejano, alguien que nos interesa conocer.  No hay que tener miedo a pedir una reunión o en todo caso buscar la manera de acercarse. Si la persona que nos interesa se ve identificada con nuestro caso, seguramente no tendrá problema de ayudarnos.

Quiero destacar tres cosas que creo que son importantes a la hora de buscar un mentor:

  1. Ser concreto en lo que uno necesita. Si uno sabe que es lo que está buscando es mucho más fácil que se le presente y que loquead aprovechar. Es clave poder contar bien de qué se trata su empresa o proyecto y saber cuales son las falencias que uno quiere mejorar.
  2. Ser constante. Es importante entender que si estamos recibiendo la ayuda de una persona, el tiempo que está ayudándonos es valiosísimo y hay que hacerlo valer. Llevar notas, resúmenes, tener una agenda armada, preguntas pensadas para que sienta y entienda cuanto valoramos ese momento.
  3. Ser agradecido. Creo que es muy importante (y gratificante) devolver lo que uno recibe. Si uno recibió ayuda para crecer y fue así de valiosa como la que recibí yo, creo que es interesante que lo devuelva con alguien que esté atrás. Inclusive, una ves que uno fue mentoreado, es increíble, como adquiere algunas costumbres que se pasan al próximo y puede ser de gran utilidad. El hecho de devolver lo que nos dieron nos hace ser agradecidos y valorar lo que nos ayuda un mentor a nosotros.

Por eso, parte de mi agradecimiento es escribir hoy sobre el mentoreo y lo que significó para mí.

 

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