en acción

Déjate Caer

agosto 20, 2015

Arranca esa canción con el susurro de la voz de Café Tacuba y mientras, escribo (abajo link a banda sonora). Escribo desde la ciudad que no duerme, de las luces enceguecedoras pienso y re pienso el recorrido hasta el día de hoy. Hoy terminé mi primer feria en el exterior. Traje mis botones hasta Nueva York con la intención de darlos a conocer, de que los vean. Muchos me preguntaban por mis expectativas, cuales eran mis metas. Respondía números, de contactos, de compras, ni llegaba a esbozar órdenes de compra. Mentía. No tenía expectativas. No quería ilusionarme, vine con los ojos abiertos y las orejas paradas para escuchar, aprender y conocer.

Acostumbrada al embrollo que resulta cada paso que doy por casa, este lugar me dejó atontada con su simpleza y facilidad. La ciudad que nunca duerme ofrece todo tipo de proveedores, locales, materiales y ayuda a cualquier hora que a uno se le ocurra. Basta con imaginárselo y ahí esta bien disponible lo que uno está buscando. Siempre buscaba como resolver problemas que terminaban disipándose ante las facilidades constantes que ofrece la ciudad. Y así armé mi primer stand a 5000km de casa. Conté con la insuperable ayuda de grandes amigos, en lo práctico, pero sobre todo en lo emocional. Pasar por todo esto pareció fácil y bien que fue una linda movida.

Y para todo esto, si hace falta una inversión, pero creo que lo fundamental fue animarse. Fue saltar y antes soltar. Me resuena esa frase de lamentar en un año lo que no has comenzado hoy porque realmente este paso es uno que podría haber dado antes si me animaba a saltar. Pero por suerte, en un año estaré diciendo qué bueno que me animé, qué bueno que me jugué, que bueno que me mandé por todo aquello que vendrá.

Y con esa idea de saltar, uno no sabe bien en que piedra va a caer y fue por eso tal vez que bien adentro mío no tenía expectativas si bien pintaba números para afuera, como buena discípula de las metas. Mi meta era llegar aquí. Y llegué, y las cosas fueron dándose, increíble, inimaginablemente bien.

Lorsque l’on ne représente pas les choses, il reste de la place pour le divin. PM

 

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