en acción en viaje

India

marzo 8, 2016

El tercer y nuevo mundo es una mezcla de lujo, miseria, innovación y tradición. Estamos en Mumbai, la capital financiera de India, así que muy probablemente me encuentre lejos de lo que todos los que viven los que vienen en busca de meditación y turismo. Estamos explorando, pero nuestras expediciones son a conocer el corazón de una empresa, en vez del de la selva o de alguna religión. Igualmente es inevitable meterse en la religión, en la cultura. Mujeres que se cubren todo el cuerpo con 32 grados. Mujeres instruidas, ingenieras, que se cubren todo el cuerpo y caminan al lado de hombres vestidos casi accidentalmente.

Religiones que rigen la ética de organizaciones que datan de hace más de un siglo y siguen siendo vanguardia. Religiones que hacen que en una ciudad caótica como esta, plagada de autos y con el peor tráfico un grupo de ciclistas prácticamente analfabetos domine una estructura de logística envidiada por FedEx, entregando viandas (130mil por día) con menos de un error en entregas cada 1.000.000, tan solo por cumplir el “ dar de comer es dar a Dios”.
Una cultura que no conocemos, no entendemos y nos excede. El punto  : los valores, la devoción por el bienestar, el servicio.
Lo que empiezo a entender: son tantos que nunca va a dar la ecuación para mantenerlos a todos, y lo saben.
Algo de esto es lo que vi en India.
Ayer estuvimos con Ratan Tata, a.k.a. el rey de los minisupers.
El empresario más poderoso que conocí y el más humilde por lejos. La grandeza de los grandes grandes.
Al final del encuentro, le preguntamos si tenía algo más para decirnos como empresario, a un grupo de emprendedores : Dijo que el no era quien, que si habíamos tenido la visión de viajar, para conocer otro mundo, en medio del ejercicio, saliendo de nuestras empresas, para conocer otra economía, ya estábamos en buen camino.
78 años, Ratán se retiró en 2012 De TATA, empresa dueña de la mayoría de insumos y servicios en India y global.
El día anterior, lo había invitó parte del equipo a charlar y después de ponerse al servicio para lo que necesite, al terminar la charla, les preguntó como volvería al hotel. Contestaron que en taxi. Ratan lo trajo manejando, el mismo, en un Hyundai. Y digo Hyundai porque me sorprendió casi tanto como que el señor lo trajera al hotel, sin guardia así nomás, como que el auto no fuera TATA o Land Rover. No me sorprendió que no fuera Jaguar, otra de sus marcas, porque así son. Esos gestos pueden tener, y de ahí viene una empresa que tiene más de 100 años.
Namaste.

 

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