en acción en viaje

El último orejón del tarro

abril 18, 2016

I wish I knew how it would feel to be free

I wish I could break all the chains holding me

I wish I could say all the things that I should say

Say them loud say them clear

For the whole round world to hear

I wish I could share all the love thats in my heart

Remove all the bars that keep us apart

I wish you could know what it means to be me

then you’d see and agree that every man should be free

I wish I could give all I’m longing to give

I wish I could live like I’m longing to live

I wish I could do all the things that I can do

Though I’m way overdue

I’d be starting anew

I wish i could be like a bird in the sky

How sweet it would be if with my heart I could fly

I’d soar to the sun and down at the sea

and I’d sing cause I’d know

I’d know how it feels to be free

Nina Simone – I wish I knew how it would feel to be free

En pleno vuelo, de vuelta de Washington, de vuelta de otra vuelta a mi cabeza, esta vez en la reunión de GlobalGoodFund que tuve el honor de presenciar como Fellow 2016,  empezó a cantar Nina. Y me resonaron tanto sus palabras que tuve que escribir toda la letra. Porque no tengo internet en el aire.

Vuelvo de este summit más cerca de mi centro. Y este centro tiene que ver con hacer para dar. Tiene que ver con uno, pero a la vez la misión es crecer internamente para poder ser un mejor líder (qué palabra líder, no me gusta nada usarla) para poder hacer más. Y cuando la misión de un proyecto está alineada con un impacto positivo hacia afuera, centrarse en uno es lo primero.  Los proyectos que hacemos, si nos apasionan, tienden a pasarnos por arriba.  Yo siempre digo que en el camino del “remador olímpico en dulce de leche”, el hacer no se vuelve más fácil con el crecimiento sino que uno se vuelve más adaptable y más eficaz a la hora de los nuevos conflictos.  Atletas, saltamos cada vez más rápido las vallas. Y sí, a veces nos caemos, y quedamos descalificados. Pero también pasa que a veces, salimos segundos, o terceros y ni festejamos. Ni hablar cuando salimos primeros y en vez de celebrar arrancamos temprano a entrenar para la próxima carrera. True story.

Los más absorbidos siempre estamos a la espera de lo que se viene, pasamos los logros por alto, celebramos poco, siempre nos preparamos para la próxima. Y no. Así no va. No es casualidad, el último orejón del tarro no es el que elegimos.

Creo que no lo había visto tan claramente antes.

 

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