en acción

Capacidad Óptima

mayo 14, 2016

Sobrecarga en la cadena de montaje. Faltan piezas, algunos operarios ya no saben que hacer. Desconcierto. Suena una chicharra, salen a apagarla sin entender bien qué quería decir. Se siguen sumando tareas a la cola de producción y todas (o muchas son prioritarias). Quienes están a cargo de la organización de la planta ven como distribuirlas, sin detenerse mucho en cada una. El tiempo apremia. Saben que la nueva línea de producción no está tan aceitada como la anterior. Hay trabajos pendientes en ambas pero la cola de la segunda y nueva línea se plagó de nuevas actividades. Un éxito, pensarán en el sector de ventas pero acá en el taller de operaciones las cosas se complican, los recursos, si bien se las rebuscan con creatividad, hoy parecen cada vez más escasos. Las horas extras no alcanzan. Estamos operando a capacidad máxima, todo va saliendo, pero sabemos muy bien que más del 80% no es aconsejable. Y no cedió, la cola se impuso como vencedora y los imponderables terminaron por frenar el ritmo acelerado que venían manteniendo para sacar la producción adelante. Caras de alivio, de preocupación, de desconcierto. Pero reinó la calma después del freno.

Así fue como esta semana, la fábrica dentro del cuerpo de Rocío decidió no ceder más y en vez de funcionar al insostenible 100%. Optó por obligarme a bajar al 80%, de un día para otro, con una linda gripe.
Con muchas piezas en producción y movimiento, las horas se volvieron chicle estas últimas semanas, las comidas pausa breves, las pantallas compañía, las corridas un recuerdo.
El cuerpo sabe. Y yo aprendo también de eso. Mantener ese 110% de algunos días, el 100% de otros, el frío que arrancó por Buenos Aires, no dio buenos resultados. Y solito mi cuerpo me hizo bajar. Volver a dormir temprano. Volver a casa, al calor del hogar. Igualmente, así como me pego al calor, me pego a las pantallas y acá estoy, viernes a la noche volcando mi pelota de actividades descompuesta en un cuadro de gripe en el teclado.
De la misma manera que me hizo bajar las revoluciones, ayer el cuerpo me pidió desintoxicación, porque como siempre, cuando peor nos sentimos, caemos en las peores comidas y bebidas. Así que de a poco me iré recuperando y aprendiendo a escucharme antes de que salten las térmicas en mi fábrica personal.

NO SURPRISES

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