en acción

La ética del hacker

junio 23, 2016

Mientras escribo hay miles de archivos subiéndose y bajándose, desarmando y armándose a través de mi ftp. Fue una tarde de muchos arreglos, desarreglos y vuelta a comenzar. Servidores, subidas, bajadas, foros, textos, datos.  Así como me resulta hoy cotidiano, creo que siempre me intrigó la tecnología, pero lo poco que sé lo sé de curiosa nomás. Y de que alguien me abrió una ventana, para ver de qué se trataba todo ese mundo. Limpió el vidrio, y se vio claro, corrió la cortina, y me fascinó. Pasé de ver todo lo que sucede en la red, como se arma todo lo que ahí vemos, como algo lejano, incomprensible como lo que es, o por lo menos un poco más cerca de su realidad. Hoy algo me recordó ese momento de apertura y me hizo pensar por qué lo quiero tanto.

Cuando estudiaba arquitectura, tuve pocas materias optativas. Elegí una que se acercaba a filosofía. Filosofía para los arquitectos se llama Espacios de Poder (somos arquitectos). Ahí elegí estudiar ese espacio que había visto espacio y me fascinaba, mucho más que el real, el ciberespacio. Y en la búsqueda de cómo se manejaba el poder en ese espacio, indagué en un libro prestado y robado: La Ética de Hacker.

El poder en el ciberespacio se distribuye de maneras muy distintas a lo que estamos acostumbrados. Hoy todos estamos online, pero los que lo arrancaron se imaginaron otra forma de compartir, principalmente en los conocimientos. Siempre me pareció incomprensible como existen tantas plataformas y programas con los que convivo diariamente y son completamente gratis. Siempre le pregunté a mi hacker por qué, cómo lo hacían, como se sostenían y me explicaba una y otra vez que como el producto era tan bueno, tan genial, la gente lo usaría y estaría dispuesta a pagar por una mejor versión, o por su soporte, o simplemente se lo recomendaría a amigos y colegas y así el producto estaría inexorablemente destinado al crecimiento. Y sí, de repente un día no tenés a nadie más para invitar a Dropbox. Y qué hacés? Lo pagás. Porque no hay computadora ni equipo de trabajo que hoy funcione sin Dropbox. Yo pagué.

La ética de quienes construyen el ciberespacio es distinta. Los que comentamos y thumbsupeamos a quienes nos arreglan un problemita con su posteo del foro, los que contestamos preguntas en un foro. Los que tratamos de dejar rastros para que otros encuentren algún valor que nos cruzamos en la red. Las innumerables redes y plataformas a través de la cual los que construyen en este espacio intercambian conocimientos y se ayudan para crecer, gratuitamente, abiertamente. Y los que generan todas este mundo de aplicaciones que usamos los otros, que vemos a los constructores desde afuera, agradecidos por las herramientas que colaboran a nuestro bienestar y organización diaria.

Hoy vi parte de esto, algo de ese libro que me hizo empezar a mirar el mundo de los hackers con más cariño que antes, de entender un poco como piensan, como construyen los arquitectos del código, en la pantalla de mi hacker.  Inmerso en un trabajo complejo, con la misión de generar un cambio real, hace tiempo que está con un proyecto más que ambicioso. Y como todos, en el momento que estamos por llegar a un punto de inflexión, de crecimiento, es cuando más cansados estamos. A mi me pasa, muchas veces. Pero con él lo veo de afuera, y lo veo muy claramente. Y ver la película de afuera, es fácil, pero cuando vivís con el que la está actuando, pasás por todos sus altibajos. Solamente podés decirle que siga, porque lo ves proyectado a futuro y ves como lo que hace vale. Y parte de esa ética de los hackers, la idea de trabajar compartiendo conocimientos, mejorando el producto y confiando que eso traerá sus resultados, tiene que ver con eso, con hacer las cosas bien, de una, por el hecho de confiar en que haciéndolas así funcionarán. Y es lo que los levanta, los hace seguir, como a mi hacker.

A los hackers no les interesa hablar de ellos, les divierte escribir y conocerse con su código. No les interesa dar charlas, no les interesa que se los conozca por lo que dicen, sino por lo que hicieron, por lo que programaron. Los hackers programan. A los hackers no les gustan las reuniones, no les interesan los caramelos y las galletitas de las multinacionales, los hackers ansían encontrar un acertijo que valga para ganarle. Y puede importarles o no lo que les paguen, pero cuando no duermen es por generar un cambio. Y por eso, en vez de tirarse abajo, se quedan arreglando el código hasta que corra, borran , ruthless, todo para empezar de nuevo (re-work), para hacerlo de una vez y bien.

Los hackers se enroscan por sacar las cosas difíciles adelante. Ven algo distinto y arman todo para mostrarle al resto del mundo como se puede ver así.

Mi hacker me abrió esa ventana, me mostró como había una cultura paralela, detrás de las pantallas, conectada por redes, que pensaba y trabajaba de esta manera. Y como el resto del mundo empezaría, poco a poco, a tomar parte de esa cultura para todo el resto de los ámbitos.

Y hoy vi en su espacio, su pantalla, su github, una declaración de principios, un manifiesto, que escribió, de cómo trabajar acorde a esa ética. Y pensé que si bien yo soy del mundo de las cosas y él del mundo de los datos, nos parecemos mucho.

 

 

link  – La Ética del Hacker online

 

Ps. Los hackers también somos los que encontramos un libro que nos gusta y nos lo autodedicamos para seguir leyéndolo y para tener cerca siempre al dueño.

You Might Also Like

No Comments

Leave a Reply