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enero 5, 2017

Fue un año intenso. Creo que le saque filo a esa palabra. Intennnnnso. El fin del año llegó y yo ni enterada entre apertura de una nueva fábrica, cierre de pedidos en medio de mudanza, nuevos proyectos de PAPA… y en medio de todo esto meter la cabeza en una batea de limonada con menta congelada para refrescar algo de lo que queda de mis neuronas y escribir y diseñar y soñar la última entrega de ECLA. Quemada, con herpes por salir a correr y con muchas profundas ganas de volver a mis 8hs de sueño? THAT’S ME.

Eso pienso, eso siento que soy, la realidad es que soy bastante las 2 cosas y ser así tiene su precio. De todos los logros y saltos de este último tiempo, sin dudas el que más me enorgullece y me hace feliz a diario es el equipo que formamos. Me rodeo cotidianamente con gente inteligente, amable, muy divertida y que comparte la visión que tuvimos con Loren cuando decidimos armar PAPA, cuando soñamos DARAVI, cuando diseñamos la estructura de la organización. La mayoría son mujeres.

Como yo, son también exigentes con ellas mismas. Yo ya conozco mis mañas, y no dejo de sorprenderme cuando las encuentro en otras. Especialmente cuando estas otras son minas tan geniales.  Conozco lo que es no valorarse, lo que significa y lo que cuesta revertirlo, sola y aún peor cuando la desvalorización viene de afuera. Pasé por todas. Siempre digo que estudiar arquitectura, pasar por la UBA fue más una escuela de aprender a seguir adelante contra todos los obstáculos que una profesionalización. Siempre pienso que pasar por ahí me hizo endurecerme, pero también me dejó la cuota de “vaso de humildad” (como decía una maestra mía muy genia) un toque rebalsada. Ahí no era nadie, no fui nadie y me costó todo. Vengo de una familia de médicos así que la arquitectura era de revistas lejanas en casa, con lo cual todo lo fui aprendiendo ahí, y me fui acostumbrando a no tener razón, a tener que re-hacerlo, a siempre tener que hacer un poco más. Y después a volver a hacerlo.

Por más que le eche la culpa a mi carrera, hay momentos en los que me valoré CERO y no tuvieron que ver con eso, o no totalmente.  Yo aprendí de esto, y crecí. Entendí que de esos momentos salgo, viendo todo lo que fui construyendo. Pero a mi alrededor, en mi equipo, entre mis amigas, veo las mismas actitudes. No importa la edad, la experiencia, la delgadez, la altura, la topetitud, los estudios: todas en un punto se valoran muy por debajo de lo que valen. Y esto no es emocional, pasa directamente al plano de lo laboral y lo económico.

Entendí  algo de esto este año, conviviendo con los proyectos de otras amigas, metiéndome en ellos, ayudándolas. Desde el estudio colaboramos con muchos proyectos de otras mujeres, me relaciono mucho más con quienes buscan sus proyectos propios, pero me animo a decir que es un tema nuestro y le debe pasar también a quienes están en empresas no propias: entendí que cuando las mujeres buscamos un objetivo, cuando tenemos un propósito atrás, a veces, son tantas las dificultades que nos olvidamos de lo económico, y al conseguir un ambiente cómodo de trabajo, un buen equipo, nos contentamos con poco o por lo menos con menos de lo que valemos.  Digo que son tantas las dificultades porque me rodeo de proyectos que las quieren todas : el propósito, el equipo, el mejor diseño, el triple impacto. Lo entiendo, yo busco eso y soy la primera defensora, pero entiendo clarito que son pocos los que los sacamos adelante, y por más lindo que suenen o se vean, muchas veces no saltan de las palabras a la realidad. It’s not easy being green.

Este año tampoco fue fácil acá, y tal vez por eso me marcó más ver cómo algunos proyectos se derrumbaban cerca mío. Y creo que tiene mucho que ver con estas concesiones que hacemos las mujeres.  Leí Lean In, pero no sé si todas lo leyeron y es medio de lectura obligada, pero más obligado me parece mirarse al espejo, contarse una y otra vez cual loro lo que una ha hecho y escuchar desde adentro lo que una vale.

Uno de nuestros principales objetivos conjuntos en PAPA este año es crecer en escala. Es inherente el crecimiento económico para esto. Nuestros esfuerzos están puestos ahí. Y esto nos hace muy conscientes de transmitirle esta necesidad de valorarse y de crecer a las que nos rodean. Creo que este es un buen desafío para encarar este año, que ya me pasó por encima y ni siquiera arrancó! Transmitirles a todas las que me rodean la importancia de valorarse. Lo hago, lo escribo, pero lo veo demasiado.

Volviendo a mis experiencias, tuve que enfrentar muchas veces este tema. Dudando si me creerían, mostrándome más fuerte de lo que me creía, mostrando que no me importaba, que lo sacaría adelante sola o acompañada. Tomar esas decisiones no es fácil, enfrentarlas tampoco. Llegué a dejar de dormir varias veces, a temblar en reuniones, pero nada vale más que hacerlo. Por eso comparto una de las frases más brillantes que leí últimamente, y no deja de resonarme:

“QUÉ MIEDO LA MUJER SIN MIEDO.”

Atenti.

 

 

Imagen de post : Joe Webb

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